《¡Qué triste!》, exclamé tras tocar tus letras. Cuán difícil es llegar a sentirte entre tanta niebla mental. Y es que no te percibo cerca aunque tu voz lo indique.
¿Qué tan necesario es tenerte sin hablar de poseer?
Seguramente podría contar las veces que tus acciones me han nublado y también lograr recordar la razón por la cuál todo se revuelve aquí dentro. Yo soy libre, tanto como tú lo eres y es que no te pertenezco y tú tampoco a mí, sin embargo he pensado aquella teoría sobre tenerse.
Y es que cada ser humano es individual.
También he llegado a ese punto en el que discuto sobre nosotros y es, ¿qué somos? ¿Qué tan real se vuelve el Universo ante alguna presencia? Aquella sensibilidad llega a mi alma, tus acciones rompen esa pequeña ilusión que debo evitar formar, así como este mundo tecnológico también arrastra con las relaciones y la importancia que debo yo tomar.
Y es verdad que no encuentro molesto el propio hecho de gustar más mujeres o más hombres.
Pero si es muy cierto que la propia acción de ignorar el gusto por quién se está interesado me mata de a poco... Y es que no es la propia molestia de gustar de más, pero si por hacer de menos de manera inconsciente. De esa forma en la que se ignora a quién se interesa e interesa en quién le ignora.
Podría pensar que el propio hecho de ser algo prohibido llega a ser más atractivo... Quizás por eso. Pienso que eso le atraía antes de mí. Y ahora que no se vuelve imposible se pierde el deseo.
Y mata... Destruye tal cual el agua al fuego. No faltaría mucho para que aquel incendio sea apagado por falta de oxígeno. Se está consumiendo, sin aportar aquella vitalidad.
Sin notarlo... Me estás alejando. Aquello posible se vuelve imposible. Quizás sus acciones se modifiquen, su forma de ser cambie, solo si uno es realmente importante.
Quizás no lo es...
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