viernes, 24 de noviembre de 2017

Ciclo 1: Eternidad sináptica.

Te estoy necesitando porque te amo.


Me decías. No creía.

A tu lado. Tenía 11 años. Personas comunes. Ciclos juntos. De esos romances de la infancia dónde solo sucede un gusto y vuelan cartitas de amor eterno. Nuestra mente es la de un niño aún. No hay malicia. Sólo existes. Sin complicaciones. Queriendo compartir tanto amor como sea posible. No piensas en algo más. Sólo estás ahí. Presente. 

Y está bien. Eso te anima a seguir. Complementa una parte de ti. Es gratificante. 
Sin embargo, el tiempo no se detiene. Continúa caminando a su ritmo. Sin alteración. Es lo único que no se modifica. El nosotros, sí. Crecemos. Se agregan nuevas convicciones. Continuamos nuestras vidas.

Nos separamos sin menguar. Agarrados de una amistad. De esas para pláticas ocasionales. Pasar un rato. Divertirse, bromear. Sin duda, en prosa y todo eran buenos escritos. Hasta que algo sucedió. La intensidad disminuía. Apagábamos. Ambos. 

Nos desconectamos. Así pasó. Nuestros "hola", se distanciaron tanto como para una vez al año o dos en nuestros cumpleaños. Y, eso si no sucedía alguna situación que interfiriese para felicitarnos (como un día ocupado u olvidarlo y recordarlo a posteriori). Al final de todo. No nos resultaba abrumador. En lugar de extrañarnos, nuestra relación se había tergiversado en dos extraños.

Vivíamos cada quién muy aparte. Con sus relaciones humanas o no. Teníamos nuestros propios romances y pasatiempos. 

Al cabo de varios años... Un día volvimos, muy fuerte. Como si tantos años de amistad en distancia no hubieran transcurrido. Estuviesen más vivos que cuando éramos niños. Lo sentíamos. Sin decírnoslo. Decidimos jugar. Nos engañamos con eso. Ambos pensábamos que todo era un simple juego. Un rato. Un pasatiempo por querer tomarlo así. 

Mentíamos, jugamos para no lastimarnos. 

Margoth W.

Ciclo 0: Minutos

Me prefiero lejos de ti para evitar contaminarte.

No quiero que usted termine así. No ahora. Te he llevado conmigo sin acercarte. Estás encima de mi, me encuentro aquí. Contigo. 

Te pienso. Te siento. Estamos. 

Desaparecidos.

El fin.

Margoth W.

jueves, 2 de noviembre de 2017

La molécula espiritual: #DeEmeTe

Despierto y todo es gris... ¿Cómo puede ser eso posible?

09.25 horas.

La mañana es hermosa. Tiene su toque de frescura, un sol sin sentir el calor, aire frío. Lleno de vitalidad. Una mañana única en un pueblo dónde calor es su sinónimo en nombre.

Y yo... Despertando nostálgica. ¿Soy yo? (me preguntaba). Invade un profundo vacío. Esta aquí cerca mío. Hay mucho dolor. Estoy sintiendo a alguien. Definitivamente, no soy yo quién llora. Me gustaría saber quién sufre así. Hay mucho sentir en su alma. ¿Por qué lloras? ¿Por qué en mí? ¿Debo ayudar en algo?

Hay situaciones que no puedo distinguir. ¿Por qué a mí? Razón: desconocida. Explorar nuevas dimensiones está fuera de mis manos. Mi amigo me recuerda que hoy es día de muertos. ¿Cruzaste algún tipo de portal? ¿O eres alguien vivo? ¿Quién eres y por qué lloras tanto? ¿Qué ha pasado en tu vida?

10.00 horas.

¿Qué quieres mostrarme? ¡Dios! Llena de miedo. No sé que es esto. Me trae recuerdos, está muy presente aquello que conocemos. Ahora difiere en un sólo punto... No me siento yo.

Puedo asegurar que éstas no son mis lágrimas. Pero sí de alguien más. Me abrazo con fuerza y consuelo. Te abrazo y consuelo. Todo estará bien.

Reflexiono: Quizás esté liberando dimetiltriptamina sin MAO... Pareciera ello.


... ¿Con quién me conecté? 





Contigo.

Margoth W.