domingo, 31 de agosto de 2014

Reflexiones de una mente perturbada.

De una mente perturbada, hay que esperar siempre lo absurdo.

Realmente me encuentro desconectada. Me siento otra persona. No soy yo. No estoy cómoda. Nada de lo que hago es positivo. En cada paso que doy, fallo.

El mar de llanto que habita dentro de mi está contenido por una gran muralla que evita su paso. No quiero que pase. Yo misma niego el cauce natural. ¿Qué quiero lograr con ello? ¿Por qué lo hago? Es difícil ser una persona con problemas psicológicos. Es complicado tratar de llevar una realidad con tu propia manera de ver la vida. Es tratar de unir dos situaciones que a tu percepción no pueden estar juntas; parecido a querer que dos polos negativos en un imán se atraigan. Contradicciones, ésta soy yo. Una contradicción. 

Querer hacer las cosas bien y al momento tomar la peor opción. No puedo seguir así. Mi cuerpo y mi mente no son una. Mis manos y mi alma se rechazan. Mis palabras y pensamientos son opuestos. No quiero ser catalogada como lo que no deseo. Por ello, debo cambiar mis actitudes y movimientos.

Debo ser diferente. "Debo"... es una palabra que no puedo seguir. Debo es un manual de vida ya estratificado. El 'deber' no me gusta seguirlo. El deber me resulta una obligación. Quiero hacer las cosas bien sin necesidad de seguir instrucciones. La vida debería ser libre y no limitada por las reglas, el 'qué dirán', las apariencias y los juicios. Que difícil es lograr complacer a todas las personas que te rodean. Es complicado ser una persona trastornada psicológicamente, es triste ser criticada por no saber lo que deseas. Resulta aún peor cuando si lo sabes pero solo TÚ piensas de esa manera y con alguien más no puedes encajar. 

Es triste la vida que vivo. Sonreír sin importar como te encuentres por dentro. Es triste que nadie sepa por lo que paso. Sonreír con cada persona a mi lado. Es triste que crean que soy feliz, cuando me duele serlo. Es triste la depresión que llevo dentro.

"En mis ojos habitan umbrías serenas de días sin sol y noches sin lunas, cual fuera primavera de rosas y espinas".
Frase escrita por: ©Yannina Bareiro.

martes, 22 de julio de 2014

Observo estando ciega.

"Cuando estás aprendiendo a andar en bicicleta,
la gente dice que gires el manubrio en la misma
dirección que estás cayendo, aunque sientes
que debes de girar en el otro sentido (...) "



Siempre crees que debes girar al sentido contrario al que caes para no tocar el suelo. 

Cada día que tropiezo es como si debiera huir de ese camino y elegir uno más sencillo. Es como si lo que quisiera fuese deshacer lo ya construido y empezar de cero. Sin embargo, esas cosas no suceden. No en la vida real. Miro a un lado y al otro. Es de noche. Me encuentro encerrada en un callejón que al parecer solo tiene salida si voy hacia adelante, todo desaparece tras de mí al paso que doy. Los pasos en falso no son opción, ya que regresar no puedo. 

Hoy es un día más que caigo. Un día más que he fallado. He cometido tantos errores en mi corta vida por creer tomar la decisión adecuada cuando no se acerca ni un poco a lo apropiado. No sé mucho. Reconozco que soy ignorante en algo que nunca antes jamás he estudiado, sin embargo no es imposible conocerlo si uno pone de su parte.

¡Qué cómodo es solo darle la vuelta a la página rota sin tratar de pegarla! Qué terrible sentimiento cuando la gente te dice: "Si no puedes hacerlo, elije algo más". Sumándole a ello una personalidad orgullosa, líder, determinativa y organizadora. No puedes hacer nada cuando ya eres así. Solo logran que quieras más eso que para ellos "TÚ NO PUEDES". En este caso... En dos semanas presentaré un seminario. ¿Qué es eso? Bueno, una revisión bibliográfica de un estudio experimental donde se describe el artículo y se responde a todas las dudas que surjan por parte del público durante la exposición. 

No sé nada del artículo que he descargado y hoy me hicieron sentir inferior. Me molesta tanto que la gente crea que no soy capaz de lograr algo nuevo. Estoy aquí. He llegado yo sola hasta donde estoy. He ganado y perdido tanto. Quizás no he dado la batalla necesaria para ganar la guerra pero cada día es un nuevo comienzo y puedo hacerlo ahora. HOY. En este momento puedo lograr más de lo que la gente cree de mi. ¿Cómo explicarles que no he ni peleado por lograrlo? Lo que ven hoy es solo lo que percibo de mi alrededor. ¿Quieren que saque mis garras de Leona? Puedo hacerlo. Conozco mis límites y los que ustedes dicen que son, no se acercan siquiera. 


" (...) La única cosa que se puede hacer en este momento, es eso, girar el manubrio en la misma dirección que estoy cayendo".


A Gentleman's Dignity

sábado, 21 de junio de 2014

Soy una perla.

Qué hermosas son las perlas...
aún así debemos saber que son producto del dolor.


Toda perla es la consecuencia de una ostra que ha sido herida por un grano de arena que ha entrado en su interior. Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas.
En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada “nácar” y cuando un grano de arena penetra en la ostra, ésta lo recubre con capas de nácar para protegerse. Como resultado, se va formando una hermosa y brillante perla.
  • ¿Te has sentido herido por las palabras, o actitudes de alguien?
  • ¿Has sido acusado de decir cosas que nunca has dicho?
  • ¿Han sido tus ideas rechazadas o ridiculizadas?
  • ¿Te han culpado de haber hecho algo que jamás hiciste?
  • ¿Tu actitud frente a ciertas situaciones, se malinterpreta?
  • ¿Has sufrido alguna vez los golpes de la indiferencia?
  • ¿Te han herido precisamente aquellas personas que menos esperabas?
  • ¿No te valoran como realmente lo mereces?

Entonces, perdona y haz de tu herida una perla. Cubre tus heridas con varias capas de amor, recuerda que cuanto más cubierta esté tu herida, menos dolor sentirás.
Por el contrario, si no la cubres de amor, esa herida permanecerá abierta, te dolerá más y más cada día, se infectará con el resentimiento y la amargura y peor aún, nunca cicatrizará.
En nuestra sociedad, podemos ver muchas "ostras vacías" no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar el dolor en una perla.

"Una perla es… una herida sanada por el amor"


jueves, 19 de junio de 2014

¡Hola! Aquí estoy.

A veces me pregunto si nacimos para estar juntos.
Si debemos de seguir este camino o solo dejarlo ir.
 



Hace unos días me encontraba terminando de ver el partido de fútbol de mi selección Mexicana contra la Brasileña cuando mi teléfono móvil comenzó a vibrar de una manera descontrolada. No quería responderlo. Sabía que eran mensajes del grupo de mi amigos en referencia a lo bien que había jugado el portero de mi selección. Así que las dejé pasar mientras continuaba la partida en el televisor. 

Terminó el partido (con un empate de la selección), tomé mi celular y en el panel de notificaciones había una sobre las calificaciones de la materia de "Patología Especial", vaya nombre que le ponen a las experiencias educativas hoy en día. Decidí abrirla y la publicación en el grupo del 'Facebook' decía: "Ya subieron las calificaciones de Pato". Al ver esto me sorprendí e inmediatamente tecleé en mi celular la página de mi universidad para entrar a la sesión y ver qué calificación había obtenido. En el marco de calificaciones con nueves y dieces obtenidos en el semestre a pesar de bastantes altibajos en mi persona no esperaba menos que eso, cuando de pronto... un tres. 

¿Era en serio? El doctor había decidido mandarme a examen extraordinario directamente. No lo podía asimilar. ¿Cómo podía obtener un tres? ¿Por qué tenía un tres? ¿Por qué yo? Debo de admitir que mi mejor examen en días pasados no había sido, sin embargo, había personas con menor conocimiento que yo y ahora tenían un diez en su boleta que no era merecido. Rompí en llanto. Me levanté del sillón en el que me encontraba sentada y caminé hacia la cocina donde estaba mi mamá cocinando y le dije: "Mamá, estoy reprobada con un tres en patología". Mis lágrimas comenzaron a cubrir gran parte de mi cara. Me di la vuelta y corrí hacia mi cuarto... decidí llorar. Llorar era lo único que podía hacer ante un tres. Al menos eso creía en ese momento. Me daba mucha vergüenza todo lo que me estaba pasando. ¿Y ahora qué iba a hacer con un examen extraordinario en mi boleta?

Hace unos meses durante mi inestabilidad y mis crisis de depresión le había prometido al Señor que si fallaba o reprobaba alguna materia yo iba a dejar de estudiar la carrera de medicina. Era lo mejor para mí. Sentía que un fallo significaba el camino incorrecto a recorrer. Nunca imaginé que eso llegaría en tan poco tiempo. Estaba aquí, presente. No tenía que esperar más para decir las palabras mágicas a mis padres: "Ya no quiero estudiar medicina". Ya tenía mi materia reprobada. No necesitaba nada más. Solo había un obstáculo ahora, YO no quería dejar la carrera. Era mi persona la que decía que quería seguir estudiando a pesar de haber tocado el suelo. Era mi mente, cuerpo y espíritu quienes ahora se negaban a decir adiós a algo tan hermoso. Pero... ¿y lo que había prometido al Señor?, ¿qué debía hacer ahora?

Tomé el libro de "Plenitud en Cristo", el cual mi padre me había regalado hace unos meses y comencé con la lectura del día. Tenía el presentimiento que obtendría las palabras necesarias para continuar mi vida de su mano. Y así fue... 


"No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras". 
Eclesiastés 5:2