jueves, 19 de junio de 2014

¡Hola! Aquí estoy.

A veces me pregunto si nacimos para estar juntos.
Si debemos de seguir este camino o solo dejarlo ir.
 



Hace unos días me encontraba terminando de ver el partido de fútbol de mi selección Mexicana contra la Brasileña cuando mi teléfono móvil comenzó a vibrar de una manera descontrolada. No quería responderlo. Sabía que eran mensajes del grupo de mi amigos en referencia a lo bien que había jugado el portero de mi selección. Así que las dejé pasar mientras continuaba la partida en el televisor. 

Terminó el partido (con un empate de la selección), tomé mi celular y en el panel de notificaciones había una sobre las calificaciones de la materia de "Patología Especial", vaya nombre que le ponen a las experiencias educativas hoy en día. Decidí abrirla y la publicación en el grupo del 'Facebook' decía: "Ya subieron las calificaciones de Pato". Al ver esto me sorprendí e inmediatamente tecleé en mi celular la página de mi universidad para entrar a la sesión y ver qué calificación había obtenido. En el marco de calificaciones con nueves y dieces obtenidos en el semestre a pesar de bastantes altibajos en mi persona no esperaba menos que eso, cuando de pronto... un tres. 

¿Era en serio? El doctor había decidido mandarme a examen extraordinario directamente. No lo podía asimilar. ¿Cómo podía obtener un tres? ¿Por qué tenía un tres? ¿Por qué yo? Debo de admitir que mi mejor examen en días pasados no había sido, sin embargo, había personas con menor conocimiento que yo y ahora tenían un diez en su boleta que no era merecido. Rompí en llanto. Me levanté del sillón en el que me encontraba sentada y caminé hacia la cocina donde estaba mi mamá cocinando y le dije: "Mamá, estoy reprobada con un tres en patología". Mis lágrimas comenzaron a cubrir gran parte de mi cara. Me di la vuelta y corrí hacia mi cuarto... decidí llorar. Llorar era lo único que podía hacer ante un tres. Al menos eso creía en ese momento. Me daba mucha vergüenza todo lo que me estaba pasando. ¿Y ahora qué iba a hacer con un examen extraordinario en mi boleta?

Hace unos meses durante mi inestabilidad y mis crisis de depresión le había prometido al Señor que si fallaba o reprobaba alguna materia yo iba a dejar de estudiar la carrera de medicina. Era lo mejor para mí. Sentía que un fallo significaba el camino incorrecto a recorrer. Nunca imaginé que eso llegaría en tan poco tiempo. Estaba aquí, presente. No tenía que esperar más para decir las palabras mágicas a mis padres: "Ya no quiero estudiar medicina". Ya tenía mi materia reprobada. No necesitaba nada más. Solo había un obstáculo ahora, YO no quería dejar la carrera. Era mi persona la que decía que quería seguir estudiando a pesar de haber tocado el suelo. Era mi mente, cuerpo y espíritu quienes ahora se negaban a decir adiós a algo tan hermoso. Pero... ¿y lo que había prometido al Señor?, ¿qué debía hacer ahora?

Tomé el libro de "Plenitud en Cristo", el cual mi padre me había regalado hace unos meses y comencé con la lectura del día. Tenía el presentimiento que obtendría las palabras necesarias para continuar mi vida de su mano. Y así fue... 


"No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras". 
Eclesiastés 5:2



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